Recordando a Oliver y Benji (Campeones)

Recuerdo la mítica Campeones como si fuese ayer. La emitían en Telecinco bien entrada la tarde,  sobre las ocho y media (sí, aunque parezca increíble la cadena amiga emitía dibujos a aquella hora). Cuando se empezaron a televisar estos dibujos en España (en 1990) ya habían pasado siete años desde que se estrenaron en su país natal, Japón, pero fue toda una revelación para los niños y jóvenes de la época y uno de los primeros fenómenos televisivos de aquellos años, marcando la infancia de muchos de nosotros ya nos gustara o no nos gustara el fútbol.

Ver la serie era todo un ritual. Como la emitían bastante tarde ya habíamos hecho los correspondiente deberes, jugado con los Playmobil o nos había dado tiempo a llegar de la actividad extraescolar que nos tocase. Por supuesto, ya habíamos merendado el pan con chocolate o foie gras de turno y ya sólo quedaba situarse delante del televisor y rezar para que ningún otro familiar mayor que tú quisiese ver otra cosa (muy posiblemente el telediario).

Tras los correspondientes anuncios, por fin se empezaba a oír la famosa cancioncilla de inicio del capítulo:

En los primeros capítulos todos queríamos ser como Oliver o Benji, cada uno tenía su favorito, lo cual provocaba más de una discusión con nuestros amigos porque en un principio eran personajes opuestos y enemigos, pero a medida que la serie fue avanzando la enemistad fue desapareciendo y con ello las discusiones con nuestros compañeros de juegos también. Poco a poco fueron surgiendo nuevos e interesantes personajes. ¿Quién no recuerda al aguerrido y traicionero Mark Lenders, al siempre moribundo Julian Ross, al “alegre” Roberto Sedinho o al bueno de Bruce Harper? Todos ellos tenían una cualidad especial que hacía que, con independencia de Oliver o Benji, tuviésemos nuestro personaje secundario favorito.

Cada capítulo era una mezcla de pasión y agonía. Aquellos segundos que duraban minutos, los campos de fútbol interminables y esféricos, los saltos en los que se elevaban a varios metros del césped, las lesiones de última hora, los chutes que parecerían ser gol pero que acababan estrellándose en el larguero, etc. Todo ello era impactante para los niños de aquellos años y realmente fue lo que, a mi juicio, contribuyó al éxito total de la serie en España y en gran parte de Sudamérica.

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Por supuesto, uno de los mejores momentos para todos nosotros era comentar al día siguiente en el colegio los mejores momentos del capítulo del día anterior. Nos pasábamos horas comentando jugadas y elaborando teorías sobre el devenir de la serie. No nos casábamos de hacerlo.

A Telecinco le fue bastante bien con Oliver y Benji. Los datos de audiencia se solían situar entre el 25% y el 30% de share, colocándose en muchas ocasiones como líder de su franja horaria por encima del Telediario de TVE. Sin duda, hoy en día un share del 30% sería descomunal, pero no hay que olvidar que en 1990 acababan de nacer Telecinco y Antena3.

¿Os gustaba Oliver y Benji?, ¿Sufríais tanto como yo cuando veíais pasar los minutos y Oliver no pasaba del centro del campo por mucho que corriera?, ¿Os ponía de mal humor que lo que parecía un gol seguro diese al poste?

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