Los 5 peores videojuegos de los 90

1.- Hotel Mario– Philips CD-i (1994) 

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Quizás una de las peores ideas de Nintendo fue dejar a Philips encargarse de una franquicia tan trascendental para Nintendo como Mario. Por desgracia también lo hizo con Zelda.

Desarrollado para la funesta CD-i, quería desarrollar todo el potencial de esta consola a través de su capacidad de vídeo. Para ello mezclaba un modo de juego tipo puzzle (donde Mario tenía que ir abriendo y cerrando puertas) con escenas animadas de vídeo. Tremendamente aburrido y simple, puede ser considerado como el peor juego de Mario de la historia.

2.- Plumbers Don’t Wear Ties – 3DO (1994)

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Un título que podría considerarse no sólo uno de los peores de los 90 sino de toda la historia de los videojuegos. Fue lanzado para la 3DO y el concepto del juego era tan extraño y surrealista como su propio desarrollo.

Concebida como una aventura gráfica romántica, cuyo objetivo era que los dos protagonistas (John y Jane) acabaran juntos, no fue más que un cúmulo de fotos que la desarrolladora vendió como un vídeo interactivo. Tanto la calidad gráfica como de sonido eran horripilantes, por no mencionar la surrealista línea argumental.

3.- Shaq Fu – Mega Drive; SNES; Game Boy; Game Gear; Amiga (1994)

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¿Cómo podría acabar un juego cuya trama comienza con Shaquille O’Neal tropezándose y cayendo a una dimensión paralela? Claramente mal. Uno de los claros ejemplos que demuestran que contar con una estrella de fama mundial como protagonista de un juego no significa calidad ni diversión.

Juego de lucha estilo Mortal Kombat pero con Shaq como protagonista, los gráficos eran mediocres, especialmente los de los luchadores, pero eso no era lo peor, la música era extraordinariamente patética. Sin embargo lo peor era el sistema de lucha que, por alguna misteriosa razón, sólo respondía a los golpes que se daban al centro del enemigo. ¿Patadas altas, puñetazos bajos? No servían para nada.

4.- Superman 64 – Nintendo 64 (1999)

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¿Continuos bugs y control tosco y poco fluido? Ese sería un buen resumen de este lamentable juego lanzado para la Nintendo 64.

Teniendo como escenario una recreación virtual de Metrópolis, el juego consiste básicamente en hacer volar a Superman por una serie de anillos repartidos por varias pantallas, cada una con retos diferentes. Como hemos dicho antes, el manejo de Superman era poco preciso y los gráficos demasiado poligonales para la época. Si además le sumamos la poca diversión que proporcionaban los escenarios nos encontramos con una auténtica chapuza.

5.- Club Drive – Atari Jaguar (1994)

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Otro horripilante juego lanzado en 1994, esta vez de conducción. Comercializado por Atari, la idea fue buena y ha sido adoptada por otros juegos más actuales con extraordinario éxito, la conducción en un mundo abierto.

Sin embargo Club Drive fue desde el principio un disparate. Ambientado en diferentes temáticas como el viejo oeste o San Francisco, el jugador tenía que recorrer con un coche un mundo abierto, sin caminos o circuitos, en busca de una serie de bolas. La ausencia de texturas en el juego combinados con unos gráficos patéticos, la total falta de elementos estructurales en las pantallas (eran mundos totalmente planos) y la ausencia de trama, hacía de éste un juego aburrido hasta la saciedad.

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Presentadores de los 80 y 90 ¿Qué pasó con Patricia Pérez?

Patricia Pérez, si bien no fue una de las caras más populares de los 90, sí que alcanzó bastante notoriedad durante algunos años de aquélla década y principios del 2000.

Nació en Pontevedra en 1973 y su primera incursión en el mundo de la televisión la hizo en la Televisión de Galicia (TVG) en 1991 como azafata en Coa miña xente y un año más tarde copresentando el concurso Luar junto a Xosé Ramón Gayoso. Desde ahí despegó a la televisión nacional cuando Antena 3 la ficha para co-presentar, junto a Emilio Aragón y Lydia Bosch, el mítico El gran juego de la oca en su primera etapa, quizás la mejor de las tres que se emitieron. Patricia se mantuvo hasta 1994 en el programa.

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Tras pasar unos años fuera de España, regresa para participar en otro programa de gran éxito en el ámbito autonómico, esta vez presentando en Telemadrid de la mano de Víctor Sandoval, Mamma mía, un programa magazine del corazón tipo Aquí hay tomate aunque menos irreverente, en donde permaneció entre el año 2001 y 2004 y que compaginó con presentaciones de programas menores en otros canales autonómicos como TVG. Muchos madrileños la recordarán especialmente de este periodo y es que el programa, para ser de carácter autonómico, alcanzó niveles de popularidad bastante altos.

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A la finalización de Mamma mía vuelve a Antena 3 con dos programas que pasaron desapercibidos y fueron retirados pronto de la parrilla: A la carta y El Supershow, ambos magazines de actualidad estrenados en el verano de 2004 y pensados exclusivamente para los meses de ocio veraniego.

Tras el escaso éxito de estos programas, comienza una nueva etapa en Telemadrid presentando dos programas, el concurso Metro a Metro entre 2006 y 2008 y Bromas Aparte, programa de humor en antena entre 2004 y 2009 que alcanzó bastante éxito y cuotas de share ciertamente considerables.

Tras ello Patricia ha participado en algunos programas de televisión como Vuélveme Loca (Telecinco, 2006-2009), Yo sí que como (Fox Life, 2016) y Los Hygge, una pareja muy natural (La Sexta, 2017), aunque no ha vuelto a alcanzar la fama de antaño.

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Con independencia de su carrera como presentadora, Patricia Pérez hizo también sus pinitios en el cine y las series, pero no tuvo gran trascendencia ya que fueron apariciones muy esporádicas. Destaca su intervención en las series La casa de los líos7 Vidas, y en las películas Dile a Laura que la quieroAl límite.

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Series míticas españolas de los 90 (I)

Hermanos de leche

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Comedia ligera que emitió Antena 3 entre 1994 y 1996. Protagonizada por Juan Echanove como Juan “el Gordi” (sustituido por El Gran Wyoming en la última temporada) y José coronado como “Chus”, la serie gira en torno a las vivencias y peripecias de estos dos amigos que, cuando fueron bebés, habían sido cuidados por la misma nodriza. Ahora, tras sus respectivos divorcios, viven juntos compartiendo una casa.

En general se trataba de una serie bastante floja, con alguna situación divertida pero en general bastante previsible y con chistes algo manidos. Aunque aguantó cuatro temporadas, hoy en día sería un producto que no llegaría ni a media temporada (o quizás sí…)

Compañeros

Compañeros

Nos encontramos ante una de las series míticas de finales de los 90. Surgió en un primer momento como serie juvenil, pero pronto se convirtió en una serie para toda la familia al intercalar historias enfocadas al público adolescente con otras más destinadas a un público más adulto.

Las aventuras de sus protagonistas, Valle y Quimi, alcanzaron cuotas de share muy altas y se convirtió en una de las series más vistas de Antena 3, canal en que se emitió entre 1998 y 2002.

El Comisario

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Serie policíaca protagonizada por Tito Valverde, se emitió en Telecinco desde 1999 hasta 2009, con unos índices de audiencia siempre muy aceptables, especialmente destacables en las primeras temporadas.

Era una serie muy seguida tanto por público joven como adulto, ya que trataba temas de actualidad, si bien es cierto que se fue desplazando desde un tono más humorístico de las primeras temporadas a otro más serio y complejo de las últimas. Una de las primeras series españolas en contar con efectos especiales propios del cine.

Menudo es mi padre

Menudo es mi padre

¿Quién no recuerda a El Fary haciendo de su propio personaje en “Menudo es mi padre”? Eran otros tiempos sin duda, y en aquel 1996, año en que se entrenó la serie, las cadenas solían ofrecernos tramas poco elaboradas basadas en la familia y en problemas cotidianos.

Esta serie estuvo en antena dos años y alcanzó niveles de share muy altos, de incluso el 30%, pero en general nació sin grandes pretensiones, con la única idea de explotar la imagen y popularidad a su personaje principal, El Fary. Y vaya si lo consiguió.

Lleno por favor

Lleno por favor

Serie de Antena 3 escrita por Vicente Escrivá y que sólo aguantó una temporada. Emitida en 1993, estaba protagonizada por Alfredo Landa, en un personaje de franquista acérrimo, dueño de una gasolinera y que vivía con su mujer e hija. La serie trataba básicamente de las diferencias generacionales entre el protagonista conservador y los jóvenes encarnados en su hija y los dos empleados de la gasolinera. Ni más ni menos que un reflejo de la España de 1993.

La audiencia de la serie fue muy positiva, con índices superiores al 42%, pero nunca se renovó por una segunda temporada. Quizás Vicente Escrivá no veía muy claro cómo seguir haciendo la serie interesante por más tiempo.

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Winner Taco (Frigo)

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El Winner era bastante más pequeño que otros helados de la época. Tenía una cubierta de galleta y un interior de helado de vainilla con unas hileras de caramelo líquido  que nos hacía la boca agua. La parte de arriba estaba cubierta por chocolate con con almendra. Para desgracia para muchos, un buen día Winner Taco desapareció, pero dejó tras de sí un mito que, a día de hoy, todavía es recordado.

Patapalo (Miko)

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La simpleza hecha mito (y éxito). El polo de toda la vida que venía en varios sabores y colores. Gustaba a los niños y también a los padres, que lo veían como una forma de que sus hijos comiesen “fruta”. Además, algunos de los palos del helado venían con premio (Patapalos gratis), lo que te llevaba a comprar más y más polos.

Mikoboy (Miko)

Mikoboy

Uno de los helados más bizarros que recuerdo. En teoría era la cara de un niño, la cual era de nata, y llevaba un sombrero extraño tipo marinero de chocolate. Los ojos y la boca eran de fresa y la nariz (ahí estaba la gran novedad y, a la vez, reclamo), era de un peculiar chicle verde.

Frigodedo (Frigo)

Frigodedo

Uno de los más demandados por los niños de los 80. Era un helado con la forma de una mano con el dedo índice levantado, lo cual provocaba bastante curiosidad a los chavales, lo que a su vez generó bastante demanda. Además, era completamente de fresa, lo cual era una novedad para la época.

Frigurón (Frigo)

Frigurón

Otro de los míticos dentro de la categoría “helado de hielo”. Tenía la forma de un tiburón de color azul que hacía las delicias de las mentes fantasiosas de los niños de los 80 y 90. Como pasaba con el Frigodedo, tenía un sabor diferente (piña) a lo que era habitual en aquel momento,  lo que ayudó a consolidarlo.

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Historia de Galletas Fontaneda. Un clásico de nuestros desayunos ochenteros que tuvo que ser vendido para poder salvarse

Si hay una marca de alimentación que puede hacer retroceder a varias generaciones a su tierna infancia es, sin duda, Fontaneda y sus galletas. Esta marca ha estado presente (y lo sigue estando) en los desayunos y meriendas de gran parte de los niños de este país durante muchos años. Son asimismo clásicos sus anuncios de televisión y su slogan que ha quedado grabado en la mente de muchos españoles, “Qué buenas son, las galletas Fontaneda”

Origen de las Galletas Fontaneda

Su origen está en Aguilar de Campoo en el año 1881, cuando Eugenio Fontaneda comenzó a elaborar de forma artesanal galletas y bizcochos. La primera fábrica es de 1923, si bien ya desde dos años antes se empezó a fabricar de una forma más industrial gracias a que su hijo, Rafael, tomó las riendas de la compañía tras la muerte de su padre. Es en este momento cuando surgen las inconfundibles galletas maría.

Galletas Fontaneda 2

Durante los años 40 y 50 Fontaneda se fue consolidando como líder en España en el mercado de las galletas, al tiempo que iba modernizando e innovando en sus productos y métodos de producción. De hecho, un incendio en su mítica fábrica de Aguilar de Campoo en 1958 obligó a remodelar la misma y renovar maquinaria.

Los problemas financieros de los años 90 y posteriores ventas

Una vez falleció Rafael Fontaneda entró a dirigir la compañía la cuarta generación familiar y, como sucede en muchos casos similares, comenzaron los problemas financieros. Así, producto de una mala gestión de la empresa, inversiones fallidas y también una mala situación económica generalizada en el país, la familia Fontaneda se vio obligada a vender la compañía a la americana Nabisco en 1996, que a su vez fue comprada por la tabaquera Philip Morris, la cual dejó la gestión de Fontaneda a la británica United Biscuits.

Galletas Fontaneda

Tras varias reorganizaciones, EREs y reconversiones, United Biscuits decidió en primer lugar unir a tres de sus marcas, Marbú, Artiach y Fontaneda, en una sola empresa. No obstante, en 2001 United Biscuits cerró la legendaria fábrica de Aguilar de Campoo alegando índices de baja productividad y se llevó la producción fundamentalmente a Barcelona. Por fortuna el Grupo Siro compró la fábrica para realizar allí parte de su producción, por lo que se pudieron quedar gran parte de los trabajadores. Sin embargo, el Grupo Siro acabó demoliendo la fábrica en 2014.

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Una vez centralizada la producción en Barcelona se vivieron algunos años de aparente tranquilidad, aunque un nuevo cambio estaba a las puertas de producirse. En 2006 Kraft Foods (ahora Mondelez), de origen estadounidense, compra los negocios de United Biscuits en la península ibérica entre los que se encontraba Fontaneda.

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A día de hoy se pueden seguir comprando productos Fontaneda y, especialmente, sus galletas maría (aunque ahora se llaman La Buena María), ya que la marca siempre se ha mantenido a pesar de la intrincada trayectoria que ha vivido desde mediados de los años 90. Sin duda se trata de una marca con mucha fuerza, gran contenido nostálgico y emocional que ha pasado a formar parte de la cultura popular del país.

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Locas modas pasajeras de los 80 y 90

Los chupetes de la suerte

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Dentro de las modas absurdas, sin duda esta se encuentra en las primeras posiciones. A principios de los 90 comenzó a hacerse popular entre los pre-adolescentes y, especialmente en el verano, coleccionar una suerte de mini chupetes de plástico de diversos colores que se compraban en los quioscos. Por supuesto, para que todo el mundo fuera consciente de la incalculable colección de chupetes de la suerte de cada uno, se solían llevar en los llaveros o unidos entre sí formando pulseras o collares.

Riñoneras

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¿Quién no llevó en aquellos días de los 80 y 90 una buena riñonera? Todo el mundo llevaba una, niños, adolescentes, adultos y abuelos, cada uno tenía la suya. Había riñoneras de todos los colores (aunque predominaban las de colores fosforitos), formas (cuadradas, rectangulares) y tamaños (llegaron incluso a comercializarse riñoneras gigantes que parecían mochilas pegadas a tu cintura).

Combinaban con todo. Ya podías ir con chándal, un vaquero o con algo más elegante. Daba igual. El caso era ponerse una de estas maravillas y el estilo entraba en tu cuerpo de forma inmediata. Pero no sólo eso, te permitían guardar todo lo que quisieses dentro sin utilizar tus bolsillos, previniendo pérdidas, caídas o robos de llaves, dinero o cualquier cosa que se te ocurriera (que muchas veces eran chucherías).

Ponerse pins o chapas de cualquier cosa

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Los pins tuvieron su punto álgido en la primera mitad de los 90. Era raro que un niño o pre-adolescente saliera a la calle sin adornarse la solapa, gorra o riñonera con sus pins o chapas favoritos. Había millones de modelos, formas y temáticas diferentes. Fue un auténtico boom. Igual que los pen drives o memorias USB tuvieron su apogeo a finales de la primera década del 2000 como soporte publicitario, los pins eran la forma habitual de promocionar productos, cantantes, compañías o cualquier cosa que te pudieras imaginar.

Llevar peto

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El peto era la prenda de moda especialmente en los 80, aunque también perduró hasta bien entrados los 90 y ahora, atención, amenazan con volver. ¿Por qué todo el mundo llevaba peto? No se sabe, es un verdadero misterio, pero lo cierto es que desde niños hasta adultos vestían esta curiosa prenda. La versión más habitual era de fabricada en tela vaquera, pero se acabaron haciendo de todo tipo de material. A partir de ahí se crearon modas paralelas de llevar el peto, cada cual más espantosa, como dejar caído uno de los tirantes o llevarlo sin camiseta debajo, a pecho descubierto (normalmente los hombres).

Llevar las anillas de las latas de refrescos en las zapatillas

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Otras de esas inexplicables modas de los 90 que se hicieron muy populares y que hoy nadie tendría el valor de seguir. Pues sí, hubo un tiempo en el que quitar la anilla a una lata de Coca-Cola y ponértela en los cordones de las zapatillas era considerado como algo moderno y “trending”. Por supuesto, si acumulabas varias anillas y te las ponías al mismo tiempo era mucho mejor y más completo tu atuendo. Además, había otras vertientes como hacer collares y pulseras con ellas.

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Los vehículos más famosos de la TV en los 80 y 90

KITT

Nos encontramos ante uno de los vehículos más míticos y recordados de la historia de la televisión, el inolvidable KITT (Knight Industries Two Thousand) o más conocido como coche fantástico, el cual protagonizó la serie del mismo nombre junto a Michael Knight (interpretado por David Hasselhoff) entre 1982 y 1986.

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KITT era el coche que todo lo podía. El sueño de todos nosotros cuando éramos pequeños. ¿Quién no soñó alguna vez con montarse a este coche? ¿Cómo podía ser posible que un coche pudiese hablar y tener inteligencia? Pero es más, en unos años donde la mayoría de los coches venían pelados, con escasamente un cuenta revoluciones y un velocímetro, todos las pantallas, luces y  demás indicadores que se podían ver en el salpicadero de KITT nos recordaba más a una nave espacial que a un coche.

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KITT era un  Pontiac Firebird Trans-Am fabricado por Wilton Knight y dotado de inteligencia artificial para luchar contra el crimen y proteger la raza humana, especialmente a Michael Knight.

Además, con independencia de la inteligencia artificial que daba vida a KITT, el coche estaba dotado de multitud de características como estructura resistente a cualquier tipo de explosiones, bombas y ataques; protección térmica; turbo; sensores de audio, rayos X; radar; conducción automática; ponerse a dos ruedas; modo silencioso; teléfono, laser; paracaídas y cualquier otro tipo de funcionalidad que se pueda uno imaginar.

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El coche de Steve Urkel

Una de las series más recordadas y con más éxito de los 90 fue, sin duda, Cosas de casa, gracias en gran parte a su entrañable y excéntrico protagonista Steve Urkel. A partir de la temporada quinta comenzó a aparecer un coche extraño y que pocos conocíamos, pero que en realidad tuvo su importancia en el mundo del automóvil de postguerra, el BMW Isetta.

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Urkel adquiere el Isetta por medio de su tío Cecil, que le da 50 dólares para que se lleve el coche. Desde ahí, el coche aparece en algunos episodios y adquiere una gran popularidad gracias a su curiosa forma de huevo o burbuja. Incluso algunos capítulos tienen al coche como protagonista (como aquel en el que Carl enseña a Urkel a conducir).

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Este extraño coche era un BMW Isetta, una suerte de microcoche diseñado y comercializado en un primer momento por la italiana Iso tras la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de convertirse en un coche económico y que pudiese llegar a las grandes masas en ese difícil momento. Poco tiempo después Iso licenció el modelo a varias empresas automovilísticas, entre ellas BMW, que fue la que más unidades comercializó.

Este extraño coche del cual BMW vendió la nada despreciable cifra de 160.000 unidades hasta que cesó su producción en 1962, tenía particularidades como que la única puerta era a la vez el parabrisas y la columna de dirección estaba unida a dicha puerta. Estaba equipado con un motor que tenía unos 12 caballos y podía alcanzar una velocidad máxima de unos 60-70 km/h. Su tamaño era realmente pequeño, más incluso que un Smart.

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Ferrari de Corrupción en Miami

Corrupción en Miami marcó tendencia en lo que a cultura pop se refiere. Su música, moda, efectos visuales y, por supuesto, los coches que salían en la serie se convirtieron en icono y referencia de la segunda mitad de los años 80. De entre todo ello lo que más fascinaba, quizás porque era lo más inalcanzable, era el Ferrari de Sonny Crockett, aunque en realidad se utilizaron dos modelos diferentes.

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El primer Ferrari que salió en la serie fue un Ferrari Daytona negro, aunque tenía truco. En realidad se trataba de un Chevrolet Corvette C3 al que la empresa Beryl McBurnie había modificado para que pareciera un Daytona. En un primer momento pasó desapercibido que fuese una réplica, aunque a final de la segunda temporada el propio Enzo Ferrari demandó a Beryl McBurnie por realizar réplicas no autorizada de sus modelos. Ello provocó que la última vez en el que se vio al Daytona negro fuese en el primer capítulo de la tercera temporada donde el coche se destruye.

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A partir de entonces se pasa a utilizar por Sonny Crockett un Testarossa blanco de 1986 enviado expresamente por Ferrari. El color cambió de negro a blanco porque a Enzo Ferrari no le gustaba el negro al considerar que el coche no se veía bien en las escenas de persecución rodadas por la noche. El Testarossa blanco aguantó hasta el final de la serie en 1990.

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