El busca de Coca-Cola

Corría el año 1996 cuando Coca-Cola, en colaboración con Motorola, tuvo la genial idea de regalar (más bien subsidiar) un busca (o beeper) a todos aquellos que reuniesen 15 puntos de las botellas de 1,5 litros de Coca-Cola, Fanta o Sprite y abonasen 1.500 pesetas.

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Se debe decir, para aquellos que no lo recuerden o no hubiesen vivido aquella época, que en el año 1996 los teléfonos móviles era todavía una rara avis, no se encontraban muy extendidos y no desde luego en el colectivo de adolescentes. El poder llevar un aparato por el cual tus amigos y familiares te pudiesen enviar mensajes estuvieras donde estuvieras era una sensación tremenda, te sentías como alguien importante.

El dispositivo era voluminoso para lo que ofrecía y nuestros estándares de hoy. Era de color negro, adornado con el logo de Coca-Cola, tres botones y una pantalla alfa-numérica de una sola línea. Muy importante también el soporte o carcasa de plástico que traía y que te permitía engancharlo a tus pantalones o cinturón. ¿Las funcionalidades? Escasas si tenemos en cuenta las posibilidades actuales, pero excelsas si consideramos que estamos hablando del año 1996.

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El aparato sólo recibía mensajes, es decir, era un mero receptor sin posibilidad alguna de enviarlos. El funcionamiento era fácil, aunque hoy lo veríamos como algo complicado y engorroso. Si alguien quería comunicarse con nosotros “unicamente” tenía que llamar a un servicio telefónico (que costaba como unas 100 pesetas) donde un operador te recogía el mensaje, lo escribía y lo enviaba al destinatario. El servicio era ofrecido por Mensatel, de la extinta Moviline de Telefónica.

A efectos prácticos, la mayoría de los usuarios del beeper no recibían demasiados mensajes, por no decir ninguno, más allá de los que la propia Coca-Cola enviaba con promociones y publicidad. Daba igual, nos gustaba llevar este cacharro y sentirnos importantes y, además, tanto para Coca-Cola como para Motorola fue una gran iniciativa. Los primeros tuvieron una campaña promocional bestial, y los segundos pudieron retirar un enorme stock de buscas justo antes de la llegada masiva de los móviles y sus SMS.

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1.- Hotel Mario– Philips CD-i (1994) 

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Quizás una de las peores ideas de Nintendo fue dejar a Philips encargarse de una franquicia tan trascendental para Nintendo como Mario. Por desgracia también lo hizo con Zelda.

Desarrollado para la funesta CD-i, quería desarrollar todo el potencial de esta consola a través de su capacidad de vídeo. Para ello mezclaba un modo de juego tipo puzzle (donde Mario tenía que ir abriendo y cerrando puertas) con escenas animadas de vídeo. Tremendamente aburrido y simple, puede ser considerado como el peor juego de Mario de la historia.

2.- Plumbers Don’t Wear Ties – 3DO (1994)

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Un título que podría considerarse no sólo uno de los peores de los 90 sino de toda la historia de los videojuegos. Fue lanzado para la 3DO y el concepto del juego era tan extraño y surrealista como su propio desarrollo.

Concebida como una aventura gráfica romántica, cuyo objetivo era que los dos protagonistas (John y Jane) acabaran juntos, no fue más que un cúmulo de fotos que la desarrolladora vendió como un vídeo interactivo. Tanto la calidad gráfica como de sonido eran horripilantes, por no mencionar la surrealista línea argumental.

3.- Shaq Fu – Mega Drive; SNES; Game Boy; Game Gear; Amiga (1994)

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¿Cómo podría acabar un juego cuya trama comienza con Shaquille O’Neal tropezándose y cayendo a una dimensión paralela? Claramente mal. Uno de los claros ejemplos que demuestran que contar con una estrella de fama mundial como protagonista de un juego no significa calidad ni diversión.

Juego de lucha estilo Mortal Kombat pero con Shaq como protagonista, los gráficos eran mediocres, especialmente los de los luchadores, pero eso no era lo peor, la música era extraordinariamente patética. Sin embargo lo peor era el sistema de lucha que, por alguna misteriosa razón, sólo respondía a los golpes que se daban al centro del enemigo. ¿Patadas altas, puñetazos bajos? No servían para nada.

4.- Superman 64 – Nintendo 64 (1999)

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¿Continuos bugs y control tosco y poco fluido? Ese sería un buen resumen de este lamentable juego lanzado para la Nintendo 64.

Teniendo como escenario una recreación virtual de Metrópolis, el juego consiste básicamente en hacer volar a Superman por una serie de anillos repartidos por varias pantallas, cada una con retos diferentes. Como hemos dicho antes, el manejo de Superman era poco preciso y los gráficos demasiado poligonales para la época. Si además le sumamos la poca diversión que proporcionaban los escenarios nos encontramos con una auténtica chapuza.

5.- Club Drive – Atari Jaguar (1994)

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Otro horripilante juego lanzado en 1994, esta vez de conducción. Comercializado por Atari, la idea fue buena y ha sido adoptada por otros juegos más actuales con extraordinario éxito, la conducción en un mundo abierto.

Sin embargo Club Drive fue desde el principio un disparate. Ambientado en diferentes temáticas como el viejo oeste o San Francisco, el jugador tenía que recorrer con un coche un mundo abierto, sin caminos o circuitos, en busca de una serie de bolas. La ausencia de texturas en el juego combinados con unos gráficos patéticos, la total falta de elementos estructurales en las pantallas (eran mundos totalmente planos) y la ausencia de trama, hacía de éste un juego aburrido hasta la saciedad.

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Presentadores de los 80 y 90 ¿Qué pasó con Patricia Pérez?

Patricia Pérez, si bien no fue una de las caras más populares de los 90, sí que alcanzó bastante notoriedad durante algunos años de aquélla década y principios del 2000.

Nació en Pontevedra en 1973 y su primera incursión en el mundo de la televisión la hizo en la Televisión de Galicia (TVG) en 1991 como azafata en Coa miña xente y un año más tarde copresentando el concurso Luar junto a Xosé Ramón Gayoso. Desde ahí despegó a la televisión nacional cuando Antena 3 la ficha para co-presentar, junto a Emilio Aragón y Lydia Bosch, el mítico El gran juego de la oca en su primera etapa, quizás la mejor de las tres que se emitieron. Patricia se mantuvo hasta 1994 en el programa.

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Tras pasar unos años fuera de España, regresa para participar en otro programa de gran éxito en el ámbito autonómico, esta vez presentando en Telemadrid de la mano de Víctor Sandoval, Mamma mía, un programa magazine del corazón tipo Aquí hay tomate aunque menos irreverente, en donde permaneció entre el año 2001 y 2004 y que compaginó con presentaciones de programas menores en otros canales autonómicos como TVG. Muchos madrileños la recordarán especialmente de este periodo y es que el programa, para ser de carácter autonómico, alcanzó niveles de popularidad bastante altos.

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A la finalización de Mamma mía vuelve a Antena 3 con dos programas que pasaron desapercibidos y fueron retirados pronto de la parrilla: A la carta y El Supershow, ambos magazines de actualidad estrenados en el verano de 2004 y pensados exclusivamente para los meses de ocio veraniego.

Tras el escaso éxito de estos programas, comienza una nueva etapa en Telemadrid presentando dos programas, el concurso Metro a Metro entre 2006 y 2008 y Bromas Aparte, programa de humor en antena entre 2004 y 2009 que alcanzó bastante éxito y cuotas de share ciertamente considerables.

Tras ello Patricia ha participado en algunos programas de televisión como Vuélveme Loca (Telecinco, 2006-2009), Yo sí que como (Fox Life, 2016) y Los Hygge, una pareja muy natural (La Sexta, 2017), aunque no ha vuelto a alcanzar la fama de antaño.

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Con independencia de su carrera como presentadora, Patricia Pérez hizo también sus pinitios en el cine y las series, pero no tuvo gran trascendencia ya que fueron apariciones muy esporádicas. Destaca su intervención en las series La casa de los líos7 Vidas, y en las películas Dile a Laura que la quieroAl límite.

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Series míticas españolas de los 90 (I)

Hermanos de leche

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Comedia ligera que emitió Antena 3 entre 1994 y 1996. Protagonizada por Juan Echanove como Juan “el Gordi” (sustituido por El Gran Wyoming en la última temporada) y José coronado como “Chus”, la serie gira en torno a las vivencias y peripecias de estos dos amigos que, cuando fueron bebés, habían sido cuidados por la misma nodriza. Ahora, tras sus respectivos divorcios, viven juntos compartiendo una casa.

En general se trataba de una serie bastante floja, con alguna situación divertida pero en general bastante previsible y con chistes algo manidos. Aunque aguantó cuatro temporadas, hoy en día sería un producto que no llegaría ni a media temporada (o quizás sí…)

Compañeros

Compañeros

Nos encontramos ante una de las series míticas de finales de los 90. Surgió en un primer momento como serie juvenil, pero pronto se convirtió en una serie para toda la familia al intercalar historias enfocadas al público adolescente con otras más destinadas a un público más adulto.

Las aventuras de sus protagonistas, Valle y Quimi, alcanzaron cuotas de share muy altas y se convirtió en una de las series más vistas de Antena 3, canal en que se emitió entre 1998 y 2002.

El Comisario

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Serie policíaca protagonizada por Tito Valverde, se emitió en Telecinco desde 1999 hasta 2009, con unos índices de audiencia siempre muy aceptables, especialmente destacables en las primeras temporadas.

Era una serie muy seguida tanto por público joven como adulto, ya que trataba temas de actualidad, si bien es cierto que se fue desplazando desde un tono más humorístico de las primeras temporadas a otro más serio y complejo de las últimas. Una de las primeras series españolas en contar con efectos especiales propios del cine.

Menudo es mi padre

Menudo es mi padre

¿Quién no recuerda a El Fary haciendo de su propio personaje en “Menudo es mi padre”? Eran otros tiempos sin duda, y en aquel 1996, año en que se entrenó la serie, las cadenas solían ofrecernos tramas poco elaboradas basadas en la familia y en problemas cotidianos.

Esta serie estuvo en antena dos años y alcanzó niveles de share muy altos, de incluso el 30%, pero en general nació sin grandes pretensiones, con la única idea de explotar la imagen y popularidad a su personaje principal, El Fary. Y vaya si lo consiguió.

Lleno por favor

Lleno por favor

Serie de Antena 3 escrita por Vicente Escrivá y que sólo aguantó una temporada. Emitida en 1993, estaba protagonizada por Alfredo Landa, en un personaje de franquista acérrimo, dueño de una gasolinera y que vivía con su mujer e hija. La serie trataba básicamente de las diferencias generacionales entre el protagonista conservador y los jóvenes encarnados en su hija y los dos empleados de la gasolinera. Ni más ni menos que un reflejo de la España de 1993.

La audiencia de la serie fue muy positiva, con índices superiores al 42%, pero nunca se renovó por una segunda temporada. Quizás Vicente Escrivá no veía muy claro cómo seguir haciendo la serie interesante por más tiempo.

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Winner Taco (Frigo)

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El Winner era bastante más pequeño que otros helados de la época. Tenía una cubierta de galleta y un interior de helado de vainilla con unas hileras de caramelo líquido  que nos hacía la boca agua. La parte de arriba estaba cubierta por chocolate con con almendra. Para desgracia para muchos, un buen día Winner Taco desapareció, pero dejó tras de sí un mito que, a día de hoy, todavía es recordado.

Patapalo (Miko)

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La simpleza hecha mito (y éxito). El polo de toda la vida que venía en varios sabores y colores. Gustaba a los niños y también a los padres, que lo veían como una forma de que sus hijos comiesen “fruta”. Además, algunos de los palos del helado venían con premio (Patapalos gratis), lo que te llevaba a comprar más y más polos.

Mikoboy (Miko)

Mikoboy

Uno de los helados más bizarros que recuerdo. En teoría era la cara de un niño, la cual era de nata, y llevaba un sombrero extraño tipo marinero de chocolate. Los ojos y la boca eran de fresa y la nariz (ahí estaba la gran novedad y, a la vez, reclamo), era de un peculiar chicle verde.

Frigodedo (Frigo)

Frigodedo

Uno de los más demandados por los niños de los 80. Era un helado con la forma de una mano con el dedo índice levantado, lo cual provocaba bastante curiosidad a los chavales, lo que a su vez generó bastante demanda. Además, era completamente de fresa, lo cual era una novedad para la época.

Frigurón (Frigo)

Frigurón

Otro de los míticos dentro de la categoría “helado de hielo”. Tenía la forma de un tiburón de color azul que hacía las delicias de las mentes fantasiosas de los niños de los 80 y 90. Como pasaba con el Frigodedo, tenía un sabor diferente (piña) a lo que era habitual en aquel momento,  lo que ayudó a consolidarlo.

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Locas modas pasajeras de los 80 y 90

Los chupetes de la suerte

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Dentro de las modas absurdas, sin duda esta se encuentra en las primeras posiciones. A principios de los 90 comenzó a hacerse popular entre los pre-adolescentes y, especialmente en el verano, coleccionar una suerte de mini chupetes de plástico de diversos colores que se compraban en los quioscos. Por supuesto, para que todo el mundo fuera consciente de la incalculable colección de chupetes de la suerte de cada uno, se solían llevar en los llaveros o unidos entre sí formando pulseras o collares.

Riñoneras

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¿Quién no llevó en aquellos días de los 80 y 90 una buena riñonera? Todo el mundo llevaba una, niños, adolescentes, adultos y abuelos, cada uno tenía la suya. Había riñoneras de todos los colores (aunque predominaban las de colores fosforitos), formas (cuadradas, rectangulares) y tamaños (llegaron incluso a comercializarse riñoneras gigantes que parecían mochilas pegadas a tu cintura).

Combinaban con todo. Ya podías ir con chándal, un vaquero o con algo más elegante. Daba igual. El caso era ponerse una de estas maravillas y el estilo entraba en tu cuerpo de forma inmediata. Pero no sólo eso, te permitían guardar todo lo que quisieses dentro sin utilizar tus bolsillos, previniendo pérdidas, caídas o robos de llaves, dinero o cualquier cosa que se te ocurriera (que muchas veces eran chucherías).

Ponerse pins o chapas de cualquier cosa

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Los pins tuvieron su punto álgido en la primera mitad de los 90. Era raro que un niño o pre-adolescente saliera a la calle sin adornarse la solapa, gorra o riñonera con sus pins o chapas favoritos. Había millones de modelos, formas y temáticas diferentes. Fue un auténtico boom. Igual que los pen drives o memorias USB tuvieron su apogeo a finales de la primera década del 2000 como soporte publicitario, los pins eran la forma habitual de promocionar productos, cantantes, compañías o cualquier cosa que te pudieras imaginar.

Llevar peto

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El peto era la prenda de moda especialmente en los 80, aunque también perduró hasta bien entrados los 90 y ahora, atención, amenazan con volver. ¿Por qué todo el mundo llevaba peto? No se sabe, es un verdadero misterio, pero lo cierto es que desde niños hasta adultos vestían esta curiosa prenda. La versión más habitual era de fabricada en tela vaquera, pero se acabaron haciendo de todo tipo de material. A partir de ahí se crearon modas paralelas de llevar el peto, cada cual más espantosa, como dejar caído uno de los tirantes o llevarlo sin camiseta debajo, a pecho descubierto (normalmente los hombres).

Llevar las anillas de las latas de refrescos en las zapatillas

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Otras de esas inexplicables modas de los 90 que se hicieron muy populares y que hoy nadie tendría el valor de seguir. Pues sí, hubo un tiempo en el que quitar la anilla a una lata de Coca-Cola y ponértela en los cordones de las zapatillas era considerado como algo moderno y “trending”. Por supuesto, si acumulabas varias anillas y te las ponías al mismo tiempo era mucho mejor y más completo tu atuendo. Además, había otras vertientes como hacer collares y pulseras con ellas.

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Hotel

Hotel

Un gran juego lanzado en el año 1986 por MB y cuya temática era muy similar al Monopoly aunque, para el gusto de muchos jugadores, mucho más divertido. Al igual que en aquél, el objetivo es comprar terrenos y construir hoteles para que el resto de jugadores cayeran en ellos y tuviesen que pagar la correspondiente estancia.

Aunque la forma de juego podía ser similar al Monopoly, el tablero era mucho más colorido, teniendo asimismo edificios de cartón más grandes y “realistas” que simulaban a los hoteles.

A finales de los 90 MB lo retiró del mercado, aunque hoy en día es posible volverlo a comprar por medio de la juguetera Asmodeé que ha lanzado, previo pago de licencia, la versión Hotel Tycoon, prácticamente igual pero con otro estilo más moderno (y con materiales de bastante peor calidad que el original).

Ahorcado

Ahorcado

Uno de los más básicos pero más legendarios juegos de mesa, también producido por la multinacional MB. Se trataba simplemente de la traslación del clásico juego al mundo de los juegos de mesa. La temática era la misma, si bien se incluían unas fichas con letras pintadas y dos tableros para que cada jugador fuese colocando dichas letras. Por supuesto, tenía un mecanismo para simular las diferentes fases del ahorcado.

Alerta Roja

Alerta Roja

Quizás no era uno de los más divertidos ni más populares, pero sin duda ocupó muchas de las estanterías o armarios donde se guardaban los juegos en los años 80 y 90. Fue producto de la española CEFA.

Uno de los pocos en los que “el mal” podía ganar. La misión del juego era atrapar un barril radioactivo antes de que explosionara. Para ello un jugador hacía de barril, pudiendo moverse por el tablero más o menos libremente y de forma invisible, si bien tenía que avisar de su situación cuando caía en determinadas casillas. Por otro lado el resto de participantes tenían que encontrar el barril utilizando determinados tipos de movimientos. El ganador era el que primero lo encontraba antes de que el barril explotase, siendo el vencedor en este último caso el jugador que manejaba el barril.

Tragabolas

Tragabolas

Quizás uno de los juegos más divertidos y preferidos de los niños de los 80 y 90. Producto también de MB, salió al mercado en Europa en 1978 y pronto se hizo tremendamente popular.

El mecanismo de juego era sencillo. En un cuadrilátero en donde había un  hipopótamo en cada lado, consistía en atrapar el máximo número de bolas que se tiraban en el tablero por parte de cada jugador, el cual se ayudaba de estos hipopótamos comedores de bolas.

Juego muy rápido, ruidoso y movido, ideal para los más pequeños en las tardes ociosas de fin de semana.

Party & Co

Party & Co

Lanzado por la española-holandesa Diset en 1993, este era un juego de mesa enfocado a un público más adulto que llegó a ser el juego español más vendido en el mundo.

La misión consistía en ganar una serie de retos divididos en colores diferentes, siendo el ganador aquel que gana todos los retos y, por lo tanto, se lleva las fichas de todos los colores. Permitía (y era muy recomendable) que cada grupo estuviera compuesto de varias personas, lo que le hacía un juego perfecto para disfrutarlo con grupos grandes de amigos o familiares.

A día de hoy este juego se sigue comercializando y, además, se han sacado multitud de versiones, muchas de ellas enfocadas a los niños.

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